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¿Migrantes, inmigrantes, emigrados…?

Para hablar del “otro”, del que ha emprendido el proceso migratorio, dependiendo de como le denominemos, podemos crear peligrosas desigualdades. De ahí nacen categorías sutiles, tales como las que se producen al diferenciar “extranjeros” de “inmigrantes” y  los “inmigrantes españoles” de los “inmigrantes extranjeros”. Categorías que se han afianzado en el lenguaje político  y periodístico, de tal manera que se ha estandarizado la definición de que un extranjero es una persona procedente de un país rico, mientras que los inmigrantes son gente que proceden de regiones o países pobres.

Para designar a las personas que han realizado el proceso migratorio, deberíamos hablar de inmigrantes o inmigrados, puesto que nos referimos a estas personas desde el lugar de destino. Aunque la palabra emigrante siempre tenga connotaciones más positivas (el valiente, el héroe que decide buscarse la vida para mejorar…) prácticamente, no la usaremos, pues  emigrante sólo designa al que va a salir de su tierra y no al que ha llegado, que es a quien estudiamos.

Al hablar del que llega, solemos utilizar el término inmigrante y según explica Miguel Delgado[1], su uso es incorrecto en la mayoría de los casos que se aplica, pues “inmigrante” designa a alguien que está en proceso de movimiento, de migración y en cambio lo usamos para hablar de personas que en algunos casos llevan muchos años establecidos en un mismo lugar. Incluso se utiliza para designar a  hijos, nietos, bisnietos… de inmigrados que llegaron hace años a una región y que nunca se han movido del país de acogida de sus ancestros. Por lo tanto, deberíamos sacar de nuestro lenguaje palabras como “inmigrante de 2ª generación”. Pues ni son  inmigrantes, porque no migran a ningún lugar, y además se supone que después de haber nacido en una determinada región, igual que tus padres, lo lógico sería que le considerásemos conciudadanos. Por lo tanto, la forma más correcta es usar el participio activo y hablar del inmigrado, con lo que nos referimos al que ha hecho el proceso migratorio.

¿Integración, asimilación, adaptación…? Al hablar de dicho concepto, me he encontrado con un gran escollo, pues esta palabra, tan en boca de todos, muchas veces varía  de significado según cada autor.

El diccionario de la Real Academia Española, define integración como: “Acción y efecto de integrar o integrarse. Formar distintas partes de un todo. Unir en un todo”. Por lo tanto, la idea de integración,  mayoritariamente se refiere a que alguien se tenga que adaptar y entrar a formar parte de una sociedad homogénea sin que ésta cambie para nada, y este hecho que no concuerda con nuestra realidad, pues el inmigrado nunca llega a una sociedad homogénea. Simplemente dando una paseo por Barcelona, visitando Sarria, el Raval o la Mina, podremos comprobar lo heterogénea que es nuestra sociedad. Además,  el hecho de recibir a inmigrados hace que las sociedades también cambien. Como dijo N. Elías[3], las civilizaciones nunca son un proceso acumulativo, sino que todas se van  adaptando al entorno. Ninguna cultura se mantiene “impoluta”, todas tienen porosidad y son permeables.

Cuando hablamos de los problemas que tienen los inmigrados al llegar a la nueva sociedad, solemos referirnos a problemas de integración, pero muchas veces, éstos traspasan este límite y se convierten en problemas de inclusión o exclusión social[4].

Los términos “inclusión-exclusión”, se engloban en el campo de la  cohesión social.  Así, al hablar de inclusión, nos referimos a si la persona tiene acceso a lo que el sistema social en el que se encuentra le ofrece. No sólo nos centramos en la influencia del lugar de procedencia como único factor para tomar parte de una sociedad, sino también de otros factores tan importantes como el género o la edad. Así tratamos algo más amplio que la disposición del individuo a adaptarse a la nueva sociedad, hablamos de las posibilidad de disfrutar de los mismos derechos que sus conciudadanos y sentirse partícipe de la sociedad.

(…) Albert Vinyals i Ros. 2004


[1] Delgado,  M. Diversidad y integración. Barcelona, Empúries. 1998.

[3] Elías N. El proceso de la civilización. FCE, Madrid, 1987

[4] Términos propuestos por Francesc Carbonell en Carbonell F. Decálogo para una educación intercultural. A cuadernos de pedagogía,    núm. 290 Abril del 2000.

 

Aparegut a: https://psicologiadelconsumo.wordpress.com/category/ego/

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2 comments

  1. “se ha estandarizado la definición de que un extranjero es una persona procedente de un país rico, mientras que los inmigrantes son gente que proceden de regiones o países pobres.”

    Algo muy cierto y interesante… Y tras esta lectura y unos videos que pude ver el otro dia sobre un estudio sociologico que esta realizando un programa de televisión, me entra una duda sobre como somos la sociedad receptora: ¿Racistas o clasistas?
    Aqui os dejo un link del video para que podais judgar vosotros mismos.
    http://www.elintermedio.lasexta.com/inicio
    Nombre del video: Qué será lo que quiere el negro!!

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