adicción a los likes

Postureo 1998.

No eran ni las 9 de la mañana y ya recibí la primera fotografía de una compañera. La chica que se sentaba a mi lado, me hizo llegar una auto-foto de Clara, esa chica que cuida tanto su imagen, que tal como apuntaba en el reverso de la foto es de Manresa y le gusta “la playa, la moda y estar con los suyos”. La fotografía no ofrecía una gran composición artística, pero había contrastado mucho los colores al revelarla, por lo que se acentuaba el brillo de sus ojos. Aparecía Clara en primer plano, en lo que parecía ser un lavabo, apretando los labios, con una actitud risueña y seductora.

Sonreí tímidamente, busqué a Clara entre el alumnado. Se sentaba a cinco filas de la mía, cruzamos las miradas mirada y le envié un beso, que Clara respondió con otro. El profesor se percató, pero al ser una situación tan habitual en sus clases, hizo ver que no se daba cuenta. La misma fotografía fue dando vueltas de mano en mano, con reacciones parecidas. Besos al aire, señales de ok con el pulgar hacia arriba, Rocío imitó a una flamenquera haciendo el gesto de desenroscar una bombilla y un chico que no sé como se llama, se limitó a mostrarle los dientes, suponiendo que eso era una sonrisa. Clara se encargaba de devolver los gestos lanzando besos a toda la clase. Incluso nueve de sus amigas y Joel, que estaba enamorado de ella, le enviaron notitas a escondidas, que iban corriendo de mano en mano. La mayoría decían “guapa” o “guapaaaa” exaltando su belleza con 3 o 4 letras “a”. El súmmum de tal admiración, llegó con una nota de Vane en la que se añadían 9 “a” al “guapa” y el dibujo de tres corazones. Otras notas destacaban sus sentimientos hacia Clara en forma de un “te quiero” plasmado en distintos formatos: acrónimos con un ágil “TQ” o “TQM”, simbólicamente, dibujando un gran corazón, o incluso enfatizando todo el amor que sentían en ese momento concreto hacia Clara, con un “te quierooooooooooo!”, con 11 “o”. Joel quiso ser más cercano con un “cada día estás más guapa”, acompañado de un dibujo de una sonrisa y un sol.

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Clara dejó de atender al profesor para concentrarse en gestionar todos los mensajes, escribiendo notas compulsivamente. Como que la clase le interesaba, se limitó a dos escuetas versiones. Una con un “gracias”, seguido de un dibujo de un corazón y otras con un “yo también guapi”, con el mismo corazón. Cuando se disponía a repartir los mensajes, entró en un dilema. Sabía que Joel estaba loquito de amor por ella, pero ella solo tenía ojos por Pablo, un chico con el que cada vez que se cruzaban, se le disparaba el corazón. No contestar a Joel, sería hacerle un feo, así que se limitó a un “gracias” seguido de un dibujo de una cara sonriente, no fuese a confundir su habitual corazón, con una muestra de amor. “¿Qué hago con Pablo?”, se preguntaba. Resulta que Pablo únicamente le mandó una señal de “Ok” con el pulgar hacia arriba al recibir la foto. No recibió ninguna nota, ni un simple dibujo… Y eso que esa mañana, de camino a la facultad, cuando Pablo iba mostrando a quien se le cruzaba, una foto suya en el gimnasio mostrando su trabajadas abdominales, ella le envío un beso y le dio una nota en la que decía “guapooooo, no veas, fiuuuu!”. Creía que resaltar las 4 “u” del fiu, era suficiente para evidenciar su atracción. Solo recibió un triste dibujo de una sonrisa. No se rindió y le dio otra nota con un dibujo de un Koala haciendo pesas, el cual era suficientemente gracioso, como para haber recibido una respuesta más elaborada que un gélido guiño con el ojo. Al recordar toda la escena, Clara tomó una determinación: no se dejaría llevar por los mitos del amor romántico, no iba a ir detrás del típico chulo de gimnasio, así que se limitó a devolver el “ok” recibido por su auto-foto, con otro anodino “ok”. Decidió pasar de Pablo. Seguidamente, repartió las notas de agradecimiento entre los pertinentes destinatarios y se centró en compaginar la atención a una clase, que parecía interesante, con la gestión de nuevas imágenes y notas que iba recibiendo.

La explicación del profesor transcurría, mientras en un segundo plano, decenas de notas corrían bajo las mesas, sigilosamente de mano en mano. Paralelamente a la fotografía de Clara, corrió una nota de Sergio, un chico muy gracioso que decía “odio los lunes” junto a una fotografía de un bebé muy enfadado, se enviaron auto-fotos de Juan, de dos chicos que no sé quienes son y de tres chicas más, que una creo que era Anna. Dos personas compartieron un foto-montaje que resaltaba lo estúpido que es el presidente del Gobierno, otro un escudo del Barça, Ahmed repartió un pequeño álbum, con 75 fotografías junto a su pareja, donde repasaba su domingo en la playa de Montgat y un chico con no sé quien es, repartió una recopilación de las fotos de los mejores momentos de una fiesta que se había pegado el sábado, que supongo que por su embriaguez, estaban movidas y mal enfocadas. También seguía dando vueltas una fotografía de una motocicleta, compartida por Santi, un chico de unos veinte-largos años de Blanes. Diría que es la misma fotografía que Santi repartió hace solo dos días y si no lo es, se le parece, porque Santi es un pesado con las motos. Siempre reparte recortes de revistas de motos, o fotografías de motos que ve por la calle, o el montado en motos, o motoristas con motos, o motos con motos… que creo no le interesan a nadie, excepto a su amigo Juan, que siempre se limita a un “¡mola!” y le devuelve más fotos de motos.

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En ese momento de auge de mensajes subterráneos, Fran, el profesor, interrumpe su explicación para poner un vídeo que ilustra con imágenes su exposición sobre el sistema límbico cerebral. Una vez el vídeo está en marcha, aprovecha para salir un momento de clase. Solo tiene dos minutos, que es lo que dura el vídeo, así que apresura el paso hacia su departamento. A los 50 segundos, cuando pensaba que tendría que volver sin haber cumplido su misión, se encuentra con Joan, un becario del departamento. Sopla aliviado y le da una nota para hacérsela llegar al máximo número de personas posibles. El profesor vuelve apresurado a clase. El becario sigue su camino, abriendo con curiosidad la nota. En ella aparece la fotografía en blanco y negro de un bebé enfadado con un texto que anuncia “odio los lunes”.