consumo simbólico

Camiseta nueva. (Fragmento de mi futuro libro)

Comparto un fragmento/boceto de mi futuro libro, que cada vez está más hilvanado. De momento, se llama “El consumidor tarado”. No es un libro de cuentos, pero cuelgo uno de los únicos cuentos que se encuentran en él… Poco a poco, desvelaré más fragmentos…

Camiseta nueva.

El Señor Común está orgulloso de la nueva camiseta que se ha comprado, sobretodo cuando al llegar a casa, se la ha puesto y su pareja le ha preguntado si era nueva, añadiendo que le queda bien. Claro que le queda bien, es de su marca favorita, tal como atesora el pequeño logotipo bordado en su pecho.

El Señor Común está convencido que la ropa de esa marca está muy bien confeccionada, ya que es más cara que la media y sabe que quien bien viste, debe tener una camiseta de dicha marca. Por eso, cuando la vio rebajada en una tienda, comprobó que el logotipo también estuviese en la etiqueta interior, para atesorar que no fuera falsa y la compró de inmediato, pese a que le costó seis veces más que la ropa que suele vestir.

El Señor Común se ha vuelto a poner la camiseta nueva para lucirla en su trabajo. Mira el logotipo reflejado en el cristal del metro con orgullo; luce muy bien, tanto, que hasta parece más grande que cuando lo compró. Al entrar en la oficina saluda con más entusiasmo de lo habitual a cada persona que se va cruzando. Alguno se lo devuelve con cara de sorprendido, otros disimulan mirando el móvil y la mayoría se lo devuelven con un leve levantamiento de cabeza, sin contacto ocular. Al sentarse en su despacho y saludar al Señor Breve, cambia de táctica y le pregunta como está y si su camiseta es nueva. Este le responde extrañado que no, que siempre la lleva y le pregunta porqué, a lo que el Señor Común contesta que por nada, que le queda bien, mientras mira de reojo su propio pecho, a ver si se percata de la novedad, pero el Señor Breve no dice nada, mientras piensa que el Señor Común necesita vacaciones urgentemente.

Captura de pantalla 2018-05-05 a las 12.49.06.pngEl Señor Común empieza a trabajar, pensando que a la hora del desayuno, seguro que alguien se fijará en la camiseta. Al encender el ordenador la ve reflejada. No entiende como nadie se ha percatado, si el logotipo se ve desde lejos. Tanto que tiene que remirarlo dos veces para corroborar que el logotipo ha crecido. Calculando con la mano, mide casi medio palmo. Queda desconcertado.

El Señor Común intenta obviar lo obvio, su logotipo crece, cada vez más deprisa. Lleva veinte minutos frente al ordenador y no consigue concentrarse porque cada vez que se mira, tiene más logotipo y menos camiseta. Se levanta nervioso, dirección al espejo del baño y queda estupefacto. Su camiseta está dominada por completo por el logotipo. En ese momento entra el Señor Otro, con quien tiene poca relación. El Señor Común le saluda y le pregunta si ve que le crece algo en la camiseta. El Señor Otro le pide que le repita la pregunta, ya que no entiende nada. Al repetírsela, El Señor Otro emite una risa nerviosa, que corta con un “sí, sí” acelerado, mientras vigila si alguien les está observando. Sale del baño sin haber ido al lavab, como tenía previsto.

El Señor Común vuelve a su silla y hace como que trabaja, mientras busca la mirada cómplice de sus compañeros, que no levantan la cabeza de las pantallas. Mientras, siente como el logotipo ha superado el umbral de la camiseta, para empezar a expandirse por el pantalón, bajando rápidamente hasta los zapatos y llegando a los calcetines. No sabe qué hacer, si pedir ayuda, si huir, llamar a su pareja, a su familia, o hablar con el Señor Jefe para que le deje marcharse. Pero claro, ¿cómo se lo explica al Señor Jefe?. Intenta agarrar el móvil, pero siente una fuerte presión en sus brazos que se lo impide. Se le tensa la piel, se contrae.

El Señor Breve tiene un problema con el Excel, a lo que recurrirá al Señor Común, que domina bastante el programa. Levanta la mirada por encima de la pantalla del ordenador, pero no le ve en su silla. Hace poco le había visto levantarse nervioso y no paraba de moverse. Le desconcentraba. Supone que estará en el baño. Sigue trabando. No aparece. Desayuna.

El Señor Breve vuelve del desayuno. Otra vez el problema del Excel. Vuelve a buscar al Señor Común, que no ha aparecido ni para desayunar. Se acerca a su mesa, ya que ve que se ha dejado el móvil encima, cosa poco habitual. Mira y no ve nada extraño. El ordenador encendido con un ridículo salvapantallas en movimiento, un bolígrafo, una libreta y una camiseta con un logotipo de una cocida marca, encima de la silla.