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La libertad ya no va sobre ruedas

Artículo publicado en El Periódico el 17-12-18. El texto me recordó mucho al primer cd “oficial” que sacamos con mi grupo Head Injury en 1999. El mítico  “4-L” dedicado íntegramente a mi primer coche. Cuando la libertad aún iba sobre ruedas. 

Si queréis escuchar el álbum completo (a mi me sigue encantando), aquí tenéis el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=RSDRTPEDkG0

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Yo, en el que acabo siendo mi primer coche, unos años antes

 

Hasta hace pocos años, el principal objeto de deseo de los jóvenes era el coche. Pensar en la mayoría de edad llevaba implícito el carnet de conducir y si algún amigo ya lo tenía, se convertía en el ansiado chófer del grupo. El vehículo propio era mucho más que un medio para desplazarse, se convertía en un signo de estatus, pero sobre todo, en sinónimo de libertad, tal como proclamaba la publicidad. Un coche permitía elegir el propio destino. Era un apéndice de la identidad que ayudaba a socializarse, pero sobre todo, se convertía en el primer espacio de privacidad de los jóvenes, a pesar de las dificultades ergonómicas que presentaban modelos como el mítico Simca 1000 de la canción.

Si nos centramos en el ámbito urbano, todo esto ha cambiado. Según la DGT, en solo una década, más del 40% de los jóvenes de entre 18 y 25 años han dejado de sacarse el carnet de conducir y la razón va más allá de los factores económicos, la precarización laboral, o las mejoras en el transporte público.

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Portada del “4L” de Head Injury (1999).

Cambio de valores de los nativos digitales

Podría parecer que la concienciación proambiental ha llevado a muchas personas a elegir formas de movilidad más sostenibles, pero desgraciadamente este no es el principal motivo. Cuando el CIS se pregunta por las tres principales preocupaciones de los españoles, los problemas medioambientales no superan el 0,5%. Si como consumidores estuviéramos más concienciados, también evitaríamos el ‘fast-fashion’, o hábitos como las compras ‘on line’ a domicilio, que implican unos excesivos desplazamientos.

Al analizar los valores de los nativos digitales, entenderemos porque no quieren coches. En la Generación X nos movía el anhelo de libertad y la buscábamos mediante la rebeldía y la evasión. Por lo tanto, el automóvil era el instrumento perfecto para huir. Las nuevas generaciones pueden tener esa sensación de evasión desde la palma de la mano. La socialización nos guste o no, es cada vez más virtual. Es más, cuando se analizan los principales valores de los jóvenes, suelen destacar la familia, la amistad, la salud y el trabajo, los que rompen con el estereotipo que teníamos del joven rebelde.

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Mi “4L” y sus bollos antes de hacerlo cutre-tunning

También ha cambiado la forma de adquisición del vehículo. Crece el uso, en detrimento de la compra, con alternativas como el ‘renting’, el ‘carsharing’ o el ‘carpooling’. Estas opciones triunfan porque hemos pasado de vivir en una sociedad de consumo, donde se buscaba el estatus a partir de la acumulación de objetos, a una sociedad más volátil, donde se promueve el deseo más hedonista e inmediato, basado en la vivencia de experiencias y en la posesión a muy corto plazo, ya sea porque se alquila o porque los objetos cada vez nos duran menos tiempo.

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Mi “4L” en su proceso tuning

Por ello, no es de extrañar que ante las trabas para tener coche y este cambio de valores, cada vez tenga menos sentido hipotecarse para tener un objeto que durará unos 10 años, cuando en ese tiempo puedes ir cambiando la forma de movilidad según las necesidades y los deseos del momento. Así, la libertad para muchos jóvenes ya no va sobre ruedas, sino que se basa en tener menos ataduras y más experiencias, aunque sean virtuales.

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El fin del mi 4L